EL GRITO
- Jorge A. Peña Villalba

- 10 mar
- 1 Min. de lectura
Ese día me levanté con un dolor de cabeza terrible, sentía pequeños punzones alrededor. Me tomé una pastilla, pero no me hizo mucho efecto. Los ojos apenas los podía abrir. Sentía la nariz y la boca extrañas, distintas. Todo me daba vueltas, me sentía algo mareado, pero no estaba enguayabado. Me miré en el espejo y todo estaba en su puesto. Me dio hambre y sed, pero como no había nada en la nevera y a pesar de que bebí una botella de agua, tocó ir al supermercado.
Al poner un pie afuera la luz me molestó por lo que me cubrí la cabeza colocando las manos a los costados, como tapándome los oídos. En ese momento, una señora soltó un leve grito y quedó en shock al verme, como si hubiera visto un fantasma. Luego se persignó, bajó la cabeza, cambió de cera y siguió su camino. Calles adelante, un par personas que pasaron al lado se quedaron extrañadas al verme...




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